Las competencias profesionales no son lo único que se ha de evaluar en los procesos de selección que llevan a cabo las organizaciones: cada vez cobra más peso la compatibilidad de los valores del candidato con los de la compañía. Gracias a esa posible sincronía, se podrá establecer una identidad corporativa que actúe como elemento diferenciador de la competencia. Sin embargo, aunque el compromiso, la responsabilidad y la iniciativa son comunes al desempeño de una carrera profesional, en cada sector y empresa se encuentran ciertas particularidades, sobre todo en función de su identidad y necesidades concretas.
Las compañías son actores que tienen una gran repercusión a nivel social a través de sus acciones y políticas. Esta influencia constituye una gran oportunidad para que cada empresa construya su imagen de cara al exterior y a la vez se diferencie de su competencia. Esto se consigue a partir de unos valores que determinen la identidad corporativa, marcando así la filosofía y la manera de actuar de la organización.
Estos valores los suelen determinar los directivos de la compañía, que posteriormente deben extenderlo a todos los equipos, de manera que sean puntos en común para todos. Si se consigue este propósito, la coordinación será mayor, lo que facilitará la optimización de los procesos productivos, así como la resolución de problemas.
El reto para las empresas no solamente se trata de lograr que sus componentes compartan los mismos valores; además es fundamental que los tengan en cuenta en los procesos de selección para facilitar la adaptación del nuevo talento. En este sentido, es conveniente que las empresas evalúen en las entrevistas aspectos más identificativos de los candidatos y no tengan en cuenta únicamente las competencias aptitudinales.
A pesar del elemento diferenciador que suponen los valores de una empresa, es cierto que hay algunos que son el denominador común en muchas de ellas. Según revela el Informe de Valores en la Empresa de Randstad, el compromiso y la responsabilidad son los que más buscan las compañías y también los que más ofrecen los trabajadores. Sin embargo, existen otros más específicos en cada sector, por lo que es interesante estudiar cada uno:
A pesar de las orientaciones que se siguen habitualmente en los sectores, cada organización debe buscar aquellos valores que mejor la representen y, entre ellos, los más específicos que la hagan única, ya que serán los que realmente marquen la diferencia.
No existe un empleado ideal común, sino que cada empresa tiene el suyo acorde a su identidad corporativa. No obstante, se puede detectar cómo sería ese perfil desde un punto de vista generalista. De acuerdo con el citado informe de Randstad Valores, las empresas consideran que un empleado ideal debe poseer principalmente tres valores: compromiso (para el 83 % de los responsables de RR.HH.), responsabilidad (69 %) e iniciativa (54 %). Es preciso detallar la importancia de cada uno de ellos:
Una identidad corporativa clara es cada vez más importante para que una empresa se diferencie de otras y, gracias a ello, gane en competitividad. El primer paso para construirla es definir unos valores que determinen su filosofía y manera de actuar. Si estos son sólidos y compartidos por los equipos que conforman la organización, así como aquellos candidatos que optan a formar parte de ella, la compañía tendrá mejores herramientas para afrontar los retos y estará más cerca del éxito.